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2018, el año del regreso de los Arctic Monkeys

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Ahora que falta poco más de un mes para que los de Sheffield publiquen su nuevo y esperado álbum, me parece el momento más apropiado para repasar una carrera que nos ha dejado dieciséis años y cinco álbumes que ciertamente marcaron a toda una generación.

Estos cuatro chicos del sur de Yorkshire (Inglaterra) revolucionaron la escena musical allá por 2006 con una maqueta, que llevaba por nombre Who the Fuck Are Arctic Monkeys?, maqueta de apenas cinco temas en la que ya dejaban bien claras sus intenciones de recuperar el rock de guitarras.

Pasaron los años y el grupo pronto se estableció como uno de los líderes de ese movimiento alternativo británico que tanto gustaba a los jóvenes; con una mezcla de rock urbano y medios tiempos sus dos primeros álbumes los consagraron como los dignos herederos de los héroes (caídos) del Britpop.

Para evitar estancarse en el éxito, el grupo se tomaría un merecido descanso, y bajo la influencia de Josh Homme su sonido ganaría más matices y referencias que los llevaría definitivamente a convertirse en el grupo que son ahora. Así que podemos considerar su tercer álbum, Humbug, como el punto de inflexión en la carrera de Arctic Monkeys.

De este tercer álbum publicado a finales de la pasada década, podemos decir que a pesar de mantener esas baladas lentas que tan bien le vienen a la voz de Alex Turner, también tenía un Rock and Roll de guitarras más estridentes y melodías más pesadas y sombrías.

 Es por ello que el lanzamiento de su cuarto disco, Suck It and See, dejó a tantos fans desconcertados, pues no seguía la línea continuista de su antecesor y tampoco era un dulce retorno a esos gloriosos orígenes.

Pero la gran sorpresa llegaría en 2013 con un nuevo álbum, AM, que sin duda alguna es un mensaje claro de la dirección que el grupo quería llevar, con un sonido más actual, y salvaje. Combinación que los acerca cada vez más a ese estilo más agresivo en el que los afilados riff de guitarras se mezclan con unos ritmos machacones de batería y bajo.

Este cambio de estilo, también conllevaría asociado un cambio de estilo, y además un despertar simbólico de la estrella de Rock que habitaba en el interior de un Alex Turner, quien desde entonces parece más liberado (como muestra su discurso en los BRIT Awards 2014) y consciente de su papel como cantante de un grupo que domina la escena musical a nivel global.

Lo que nos vamos a encontrar en este nuevo disco aún no lo sabemos (se desconoce la fecha o el nombre del mismo); pero teniendo en cuenta todos los precedentes estoy seguro que los de Sheffield nos van a volver a sorprender, y seguro que nadie se va a quedar indiferente ante un lanzamiento tan esperado como este.

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Led Zeppelin: los verdaderos dioses nórdicos.

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Cuenta la leyenda que en el Londres de la Posguerra había un joven que tocaba la guitarra con un arco de violonchelo, y los privilegiados de presenciar tal hazaña no daban crédito ante un sonido que pocos antes habían escuchado. Este joven se llamaba James Patrick Page, y tras pasar cuatro años tocando como músico de estudio, un buen día se le presento la posibilidad de unirse a uno de los mayores grupos de la historia del Rock, los Yardbirds.

Muchos no estarán de acuerdo con esa afirmación de que los Yardbirds fueron uno de los mayores grupos de la historia, pero poniendo las cosas en su contexto tenemos que  decir que Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page fueron los guitarristas principales de este grupo que a mediados de los sesenta alcanzaba el éxito en la escena más ácida y psicodélica. A este grupo llegó un Page con veintitrés años y con la firme intención de hacer de los  Yardbirds un grupo a su imagen y semejanza.

Para que los Yardbirds pasaran de ser un grupo de moda, a ser una banda capaz de dominar la escena londinense como antes habían hecho los Beatles o los Rolling Stones, Page tenía que hacer cambios, empezando por los miembros del grupo. Así que con el apoyo de su buen amigo Chris Dreja empezaron a buscar un cantante, y podemos decir que la búsqueda fue todo un éxito porque el elegido fue un muchacho de veinte años llamado Robert Anthony Plant quien además les recomendó a su compañero de banda (Band of Joy) el batería John Henry Bonham. El último en llegar fue el bueno de John Paul Jones quien llegaría para reemplazar a Dreja como bajista, pero su capacidad para tocar varios instrumentos, lo acabarían convirtiendo en uno de los miembros del grupo más apreciado por los fans.

Hasta aquí que tenemos los datos de cómo fue la génesis o el nacimiento del grupo de Rock que domino la década de los setenta, datos y sucesos que están al alcance de todo el mundo, pero en esta entrada no quiero hacer un copia, redacta un poco y pega de la Wikipedia; mi intención es explicar cómo estos cuatro chavales se convirtieron en el grupo más influyente de su generación.

Para explicar el fenómeno Led-Zeppelin tenemos que ir directamente a su música, a sus cuatro primeros álbumes, esos que llevan por nombre números romanos hasta el número tres y un cuarto álbum que no tiene título. Al escuchar sus dos primeros álbumes podemos apreciar dos cosas; la primera sería un gran respeto por la música del delta del Mississippi, ese blues más puro alejado del blues de ojos azules que aún tocaban algunos de sus coetáneos, y otra cosa que podemos notar es que este grupo quería tocar más alto, más fuerte y más rápido que cualquiera otra banda. De la combinación de estas dos nace lo que podemos denominar como el sonido Zeppelin, presente en canciones como “Good Times Bad Times” o “How Many More Times” del primer disco, o “Whole Lotta Love” y “Heartbreaker” ya del segundo.

Y como si fuera acorde con el cambio de década, Led Zeppelin en 1970 empezó un coqueteo con la música folk británica, algo que quedaría plasmado especialmente en el tercer álbum de los londinense, y también alguna que otra referencia en el cuarto disco. Esto es algo difícil de creer para todos y todas aquellas que empiecen a escuchar este tercer álbum, en el que nos encontramos con una canción como “Immigrant Song”, que podemos decir sin miedo a equivocarnos no tiene nada de folk y está más en sintonía con el sonido de otros grupos de la época como Black Sabbath o Deep Purple, pero pasados esos dos minutos y veintitrés segundos iniciales el leitmotiv cambia completamente a un sonido más intimista y acústico marcado por la guitarra española, la mandolina o incluso el banjo. Las canciones en más representativas de ese viraje al sonido más tradicional serian “Gallows Pole”, “That’s the Way” o mi favorita “Bron-Y-Aur Stomp” (tema que Plant dedica a su querido perro, Strider).

Como decía anteriormente también podemos encontrar ese sonido más folkie en su cuarto álbum, más concretamente en temas como “Going To California” o “The Battle Of Evermore”. Pero siendo justos este es un álbum que la gente recuerda por tres grandes canciones como son “Stairway to Heaven”, “Rock and Roll” o “Black Dog”, tres de sus canciones más conocidas y escuchadas; pero a mí me gustaría aprovechar esta oportunidad para dar más visibilidad a otros cortes de este superlativo álbum que tal vez no sean tan populares, empezando con una de mis favoritas como es “Misty Mountain Hop”, o la exótica “Four Sticks” y sin dejar de mencionar “When The Levee Breaks” con la que se cierra uno de esos discos que marcaron una época y que obviamente está entre los más vendidos de la historia.

Tras un éxito tan abrumador como el cosechado en apenas tres años de carrera, y varias extensas giras por casi todo el planeta, muchos podríamos llegar a comprender que tanto Page como Plant pudieran pensar en tomarse unas vacaciones, pero ni mucho menos, y tras un breve descanso el grupo volvía al estudio y en 1973 publicaban un quinto trabajo discográfico, que a pesar de mantener ese sonido Led-Zeppelin sí que empezaba a insinuar un cambio de tendencia y una apertura de influencias. Sirva como ejemplo la experimental “No Quarter” en la que la podemos disfrutar de un solo de John Paul Jones al teclado, o que decir de “D’yer Mak’er” con un toque muy Reggae, pero como se puede ver en “The Ocean” sin traicionar nunca ese sonido que tan bien los caracterizaba, el sonido de una voz desgarrada, la guitarra afilada de Page y una batería machacona.

A mitad de década, más concretamente el veinticuatro de Febrero de 1975, Led Zeppelin lanzarían, el que sin saberlo sería su gran último álbum, “Physical Graffiti”. Toda una apuesta a todo o nada, en un disco doble de casi noventa minutos de Rock, folk, blues y country, en el que tenemos a un grupo tocando a su mejor nivel. Este es un álbum especial por muchos motivos, porque al estar dividido en dos disco de vinilo con cuatro caras, esto te da la oportunidad de que puedas dejarte llevar en los solos sin la preocupación del tiempo, y por otro lado con este sexto trabajo decidieron de forma muy acertada darle una segunda oportunidad a canciones que desgraciadamente no habían podido incluir en su previos álbumes. No puedo dejar de mencionar canciones como: “Trampled Under Foot” en la que cada uno de los integrantes es capaz de destacar sin eclipsar a sus compañeros y así crear una canción llena de matices; lo mismo ocurre en “Kashmir”, aunque sea la voz de Plant y la guitarra de Page lo primero que nos llame la atención, no podemos dejar de escuchar esa poderosa sección rítmica que formaban Jones y Bonham, en “In My Time of Dying” nos encontramos con una versión de un góspel tradicional en la que el slide guitar pues en cierta nos demuestra lo lleno de recursos que estaba un Jimmy Page que con treinta y un años estaba en la cúspide de su carrera y era considerado por muchos el mejor guitarrista de la historia.

Justo al año siguiente, y recuperando las buenas tradiciones del comienzo de su carrera, Led Zeppelin sorprendía a todos sus fans con “Presence”, un disco que podría decirse es incluso más duro que sus anteriores lanzamientos, pero este es un disco que por desgracia no tenía la consistencia de sus predecesores. Yo creo que estos dos cambios tuvieron que estar motivados por el accidente de tráfico en el que se vio implicado el cantante Robert Plant. De este disco sólo se salvan dos canciones, eso sí estas dos perfectamente podrían estar entre sus tres mejores canciones, y son “Nobody’s Fault But Mine” y “Achilles Last Stand” canciones que ya formarían parte del setlist de sus conciertos hasta el final de la banda en 1980.

Si tenemos en cuenta que “Coda” es un disco que se hizo con la finalidad de poder disolver el grupo y aprovechando antiguas grabaciones, hemos de decir que “In Through the Out Door” es el último álbum de Led Zeppelin, y como disco no está mal, pero obviamente está muy lejos de ser uno de sus mejores álbumes. Este disco está repleto de canciones con unas melodías pachangueras en la que los sintetizadores han sustituido a las guitarras. De la quema sólo se salvan “All my Love” e “In The Evening”, siendo esta ultima la mejor del disco y uno de esos temas en los que si podemos encontrar esos elementos tan característicos que definen el sonido de Led Zeppelin.

Bueno esto ha sido todo, un pequeño repaso a la carrera de uno de mis grupos favoritos, y es que no debemos olvidar que en este 2018 Led Zeppelin cumplirá cincuenta años, medio siglo de Rock and Roll, y es que fue justamente el veinticinco de octubre de 1968 cuando daban su primer concierto bajo el nombre de Led Zeppelin, y me gustaría dedicarles otra entrada en esa fecha tan especial.

Hablando sobre los Kinks

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Hoy tengo preparada una entrada muy especial que trata sobre uno de mis grupos favoritos, bueno para ser justos diré que The Kinks son mi grupo favorito. Un grupo que tiene una canción para cada momento, pero en general uno de esos grupos que puedes escuchar a todas horas y que siempre te sorprenderán.

Los Kinks son un grupo londinense, formado en los sesenta por los hermanos Dave y Ray Davies, guitarrista y cantante respectivamente; y yo personalmente los prefiero antes que a otros de sus coetáneos como pueden ser los Beatles o los Rolling Stones. Sus señas de identidad son unas melodías muy pegadizas y unas letras muy ingeniosas con ese toque de humor irónico tan británico y un cierto toque costumbrista que te permite identificarte plenamente con los protagonistas a los que Ray da vida en sus canciones.

La carrera de los Kinks se extiende desde los sesenta hasta los noventa y con 24 álbumes de estudio, cabe destacar que durante los primeros once años de vida del grupo se publico al menos un álbum de estudio nuevo cada curso desde el 64 hasta el 75. Esos podrían ser considerados sus años dorados, aunque ciertamente los Kinks se las arreglaron más que bien para mantener una calidad bastante alta durante toda su carrera discográfica.

Desde hace un par de años existe el constante rumor que el grupo podría volver a reunirse, pero tal y como se encuentra la relación entre los hermanos Davies, a mí personalmente me resultaría toda una sorpresa, pero quién sabe…

Este es un top 10 de mis canciones favoritas de los Kinks.

  • You Really Got Me, de su debut y álbum homónimo.
  • Where Have All The Good Times Gone, muy popular e incluso versionada por David Bowie.
  • Waterloo Sunset, una de sus canciones más celebradas y todo un himno entre los fans. El 5 de Mayo se cumplirán 50 años de su lanzamiento como single.
  • Village Green, es uno de esos claros ejemplos de una canción costumbrista que te transporta a la campiña inglesa. Probablemnte este sea mi disco favorito de los Kinks.
  • Polly, esta es una canción que no figura en ningún disco ya que se trata de la cara B de un single definales de los sesenta y la verdad es que es una canción muy alegre y divertida.
  • Apeman. Bueno, de este disco tal vez lo más apropiado sería escoger Lola, pero de verdad que la letra de esta canción es lo más.
  • Here Comes Flash, Flash es el alter ego maligno de Ray Davies, que simboliza todos los males del capitalismo y la explotación inmobiliaria. Uno de sus personajes más conocidos que aparece en dos álbumes.
  • Flash’s Confession, de la segunda parte de Preservation Act, esta ópera rock en la que el personaje principal es Flash y en la que espera alcanzar la redención tras una vida plagada de fechorías
  • Black Messiah, los Kinks se acercaban a esos nuevos ritmos como podían ser el ska o el reggae tan populares a finales de los setenta, con esta canción que además trata de una forma muy original un tema bastante delicado como puede ser la diversidad.
  • Low Budget, es sin duda alguna de sus mejores canciones tanto la música como la letra son perfectas y to diría que es una de esas canciones que sirve para diferenciar a los verdaderos fans.